Coaching Corporal Ontológico Biocéntrico

Nuestro cuerpo nos ofrece un poder maravilloso, una vez que seamos capaces de mirarlo, aceptarlo, escucharlo y por sobre todo, cuando le permitimos “expresarse”. Nuestro cuerpo es la metáfora más exacta de nuestra vida. Es la historia de nuestro ser. Todo lo que nos sucede ha quedado registrado en él y por él es reflejado. Nuestro cuerpo sabe, nuestro cuerpo dice.

Sólo cuando lo habitamos realmente, podemos comenzar (o continuar) el viaje sanador. Esta es la invitación que les hacemos a movernos, cantar, honrar, explorar y por sobre todo a permitir que nuestro cuerpo y los cuerpos de quienes nos rodean, nos muestren, nos enseñen, nos transporten.

En los últimos años hemos vivido lo que entendemos como vivencia, como conexión con el hilo de vida, que hay en cada persona y que constituye la vía de acceso al llamado por ahora “inconsciente vital”. Cuando hablamos de inconsciente vital, nos referimos a la memoria celular que nos permite intervenir en la génesis biológica de nuestra existencia y recuperar la sintonía vital con lo existente y que implica una inducción de un estado biológico de renovación y de reintegración en la unidad biocósmica.

Mediante el trabajo corpo emocional biocéntrico que podemos ir concretando, nuestros cuerpos irán cambiando su forma, para renacer en un cuerpo nuevo, libre de sus antiguas rigideces, capaces de proponer una nueva percepción significativa del otro. Podemos re valorizar la capacidad del vínculo afectivo, profundamente humano, entre el que da y el que recibe afectos. Y, aunque el contacto no constituye de por sí un hecho emotivo, sus elementos sensoriales inducen cambios neurológicos, glandulares, musculares y hasta lingüísticos, que irán abarcando la totalidad de nuestras emociones. La vivencia de contacto puede ser como la vida misma sentida a través de las emociones.

El número de potencialidades expresadas por el ser humano, a través de su vida, es una parte mínima del total contenido dentro de su dotación. Está probado que existen millones de combinaciones dentro de la doble espiral del ADN. La expresión de los genes está regulada por un verdadero reloj genético y algunos de ellos se manifiestan tardíamente, mientras otros lo hacen en períodos tempranos de la vida. Dentro de las cadenas de genes existen enormes segmentos silenciosos de potencialidades inexpresadas y desconocidas, ya que el soporte genético, antiguamente concebido como una estructura sellada del destino, atesora millares de potencialidades generalmente inhibidas, que sólo esperan la posibilidad de expresarse.

Existen obviamente genes tempranos, que se expresan en las primeras etapas de la vida, pero también hay en nuestra microbiología, genes tardíos, que sólo se expresan después de cierta edad. Esto sugiere la importancia de facilitar la expresión genética en edades avanzadas. La enorme diversidad que se produce por la combinación matemática de los potenciales del código genético, sugiere posibilidades insospechadas de las capacidades humanas, que sólo necesitarían condiciones óptimas para aparecer.

Llevemos ahora este análisis, provisoriamente incipiente, a las organizaciones. Sabemos que los procesos vitales ocurren tanto en las personas como en las organizaciones. Nuestro paradigma organizacional biocéntrico presenta algunas condiciones -para conducir esos procesos de innovación- que influyen profundamente en el trabajo, tanto de los llamados “líderes”, como en el de todos los colaboradores de una organización laboral. Por un lado, como todo ser vivo, la organización tiende a mantener su identidad a lo largo de cambios estructurales continuos. Por el otro, como sistema orgánico tiende a ser flexible, adaptable a los cambios, luchando con la diversidad y sus contradicciones, como señal de crecimiento y vitalidad.

Los seres humanos existimos en el fluir de lo permanente, en la continua transformación de nuestra corporalidad y nuestra emocionalidad en torno a la conservación de una identidad personal, relacional y laboral que algunos estiman como fija e inmutable, pero que nosotros, según lo que hemos estudiado y comprobado, consideramos inmersa en un flujo de continuo cambio. La renovación orgánica es insuflada en el trabajo organizacional, principalmente, mediante estados especiales que activan procesos de reparación celular y de regulación global de las funciones biológicas, disminuyendo los factores de desorganización y stress.

Pareciera que “estamos” en un “vivir no vidente”, sin comprender cabalmente la belleza de esa transitoriedad que nos permite disfrutar una identidad no permanente, que nos facilita desapegarnos del control y sus cargas de envidias, vanidades, codicias y agresiones subyacentes. El devenir de la vida, con su fluir, con su cambio continuo, es la antesala que nos lleva a asumir el camino ontológico biocéntrico, un sendero donde uno mismo y los otros surgen como legítimos otros, en mutua coexistencia, con amplias expectativas de bien-estar.

La complejidad y densidad de las organizaciones requiere involucrar a todos para capturar esa “inteligencia invisible” de la vida. Lograr la participación de cada empresa en esa captación no es una opción, es una obligación ética de nuestro trabajo como coaches organizacionales. Los co-inspiradores (nuestra nueva concepción del liderazgo) que necesita la nueva empresa, la empresa emergente, (todavía en proceso de construcción social), si quieren lograr la colaboración plena de su gente, tienen como alternativa descubrir una manera de incluir en el intento, a todos aquellos afectados por cada proceso de cambio. Quienes no sean involucrados, casi seguramente obrarán como “saboteadores” o, al menos, quitarán parcialmente su valiosa colaboración humana disponible.

Más allá de pretender respuestas absolutas o cierto tipo de recetas para aplicar en las capacitaciones y entrenamientos gerenciales, mientras fuimos integrando nuevas disciplinas corporales y emocionales con el Coaching Ontológico tradicional, fueron apareciendo alternativas interesantes para facilitar y aprender nuevos estilos relacionales, más conectados con la identidad de los participantes, con la fuerza de sus instintos, con su vitalidad, con su creatividad y con su afectividad.

Hemos constatado en muchas oportunidades que en algunos de los miembros de las empresas participantes en nuestras capacitaciones, había un modo de estar ausente en la organización, a pesar de manifestar, en apariencia, toda su presencia. Se daba en el acto de no mirar, no escuchar y no establecer un mayor contacto con los otros. Generalmente estaban laboralmente cerca de los otros compañeros o de sus gerentes, o entre directivos, pero con algún dejo de indiferencia en lo corporal. Por el contrario, observamos en otros colaboradores y líderes, que sí celebraban, a su manera, la presencia de cada persona en cada encuentro, viendo esa presencia como una posibilidad saludable en la construcción de equipos de trabajo emocionalmente inteligentes.

De allí que propongamos a las organizaciones acercarse paulatinamente a una nueva mirada, ontológica biocéntrica, que les permita afianzar e instrumentar, por ejemplo, un sistema de trabajo donde se renueve lo orgánico, se lo integre a la afectividad y ayude a la reconexión con las funciones originarias de la vida. Y todo con el propósito de estimular el resurgimiento de aquellos potenciales humanos que se hallan no utilizados por cuestiones culturales. Así iremos volviendo a valores más naturales, ligados a las necesidades vitales, a la propia naturaleza de cada uno, a su identidad, a lo que nació para ser, a la conmovedora experiencia de sentirse vivo.

Del encuentro con el otro, nadie sale ileso. Trabajar la corporalidad y la emocionalidad en cada organización, contribuye a la creación de un clima más fraternal, con conversaciones abiertas y claras, en las que los conflictos sirven como fuente de madurez, en la conformación de equipos de intereses comunes y auto controlados. En ese clima, cada integrante de la empresa vivencia la grandeza de su contribución a la organización con su labor cotidiana, amplia la dimensión de su mundo y deja de sentirse apenas un medio de producción, una herramienta. El abordaje trascendente de las relaciones, armoniza y abre las puertas para otros canales de predisposición.

Este Modelo de Coaching Corporal Ontológico Biocéntrico que estamos propugnando, es, por definición, un sistema de integración de potenciales humanos. Integración, significa para nosotros coordinación de las actividades de varios subsistemas para alcanzar el funcionamiento armonioso de un sistema mayor. Cuando los componentes de un sistema no están integrados, se dice que hay una “disociación”. Integración y Disociación son términos antagónicos desde el punto de vista funcional. Nuestro anhelo es trabajar en la disminución de la desintegración que observamos en las personas dentro de su entorno relacional, familiar y laboral.

Mgtr. Coach Miguel Ángel Macaluso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *